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No sabía que hacer si seguir leyendo la novela o preparar la compota y he decidido pelar y cortar la fruta. Hace un día buenísimo, los días soleados te mecen porque los colores son inigualables y las imágenes del paisaje te envuelven de tal forma que no puddes ir más allá del disfrute y los recuerdos. Una mezcla de sensaciones maduras e infantiles. También me caía cuando era pequeña. Con frecuencia llevaba las rodillas llenas de Mercromina. Así que no ha sido difícil unir los dos recuerdos: el olor a la fruta confitándose en la cocina y la rodilla con un esbozo de costra y dolorida. Dicen que al crecer nos vamos acercando despacio a aquellos niños que fuimos............
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